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De la pelota de fútbol a la pluma

Tiene la facilidad para escribir una novela, un cuento, un ensayo y hasta para escribir obras de teatro. Amante del fútbol, estuvo en el mundial de Alemania 2006 cuando Argentina eliminó a su selección mexicana, Juan Villoro es uno de los escritores clave de la nueva literatura latinoamericana. Su prosa llegó a traducirse a varios idiomas. Hace cuatro meses publicó su último libro Llamadas de Ámsterdam (Interzona), pero primer libro editado en la Argentina.

Usted ha sabido pasar de la crónica al ensayo, de la novela al cuento, y de temas diversos como el fútbol y el rock; ¿Existe algún mecanismo que le permite pasar de un género a otro?

-Soy un autor disperso que hace varias cosas al mismo tiempo. No tengo una estrategia de géneros, pero, como bien intuye, debe de haber mecanismos compensatorios que me hacen pasar de una travesía muy extensa a un viaje relámpago. Muchas veces tardo mucho en concluir un proyecto. Acabo de terminar una obra de teatro: Muerte parcial.

Es raro conocer a un escritor amante del fútbol, ¿Desde chico jugaba a este deporte?

-Siempre he sido aficionado al fútbol. Jugué bastante pero sólo di grandes partidos en mi imaginación. La literatura permite compensaciones y empecé a escribir de fútbol, buscando historias en la cancha y en las pasiones de la gente.

Hace poco publicó su último libro Llamadas de Ámsterdam, donde se narra a un protagonista obsesionado con su ex pareja, ¿Alguna vez absorbió tanto a una amada suya como el protagonista de su libro?

-En ocasiones conviene no saberlo todo de la persona amada, preservar una zona de misterio, una región donde ella aún puede ser de una manera o de otra. Las confesiones absolutas comprometen y a veces paralizan. No me refiero a vivir con alguien como con un extraño, sino a pensar que aún tiene algo que revelar. Respetar ese misterio, aplazarlo, no querer poseerlo es algo muy valioso que casi nunca hacemos.

Y lo que viene después es la dura carga del rechazo…

-El rechazo es difícil de sobrellevar, pero a veces es aún más difícil sobrellevar la confianza que otros depositan en ti.

Así como trabajó diferentes géneros y temas, ¿Piensa trabajar con el humor?

-Creo que el humor es un atributo de la inteligencia y permite comentar lo narrado para hacerlo más llevadero, para encontrarle un segundo plano, para proteger al lector de la crudeza de los hechos o incluso de las ideas del autor. Por eso me gusta tanto Ibargüengoitia, maestro del humor en México. Acabo de preparar una antología de sus crónicas para Reino de Redonda, la editorial de Javier Marías. Se llama Revolución en el jardín.

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